06-06-2014

B.S.O de Ghost Dog:The Way of The Samurai (1999)

El título objeto de análisis es Ghost Dog: The Way of The Samurai (1999)

 

Música del ghetto.

Si hay un país donde el hip hop, en su vertiente musical, goza de buena salud, respeto por el consumidor y fuerza en la industria, ese país es Estados Unidos. El propio movimiento social, que poco a poco fue definiéndose como un género musical establecido, tiene allí sus orígenes, muy arraigados a los movimientos migratorios de miles de africanos y latinos que cambiaban su continente en busca de el sueño americano.

Afincados en ghettos marginales de zonas industriales y periferias, estas comunidades de origen indígena empiezan a reunirse entorno a altavoces y amplificadores que conectaban a la luz de las farolas para bailar, rimar, pintar y pinchar música al ritmo que marcaban las secuencias 4x4 de sus MPCʼs, utilizando muestras (samples) de clásicos de la cultura beat y el reggae, o demostrando su virtuosismo a los platos con improvisaciones, lo que comúnmente se conoce como scratch.

El Bronx y el Harlem, barrios asociados a la marginalidad, la mafia, el menudeo y toda una retahíla de actividades peyorativas, serán los núcleos de un género en fuerte expansión que mucho se ha transformado desde que apareció allá en la década de los 70. En uno de estos focos neoyorquinos habitados por inmigrantes, concretamente en

Brooklyn, creció y se formó el protagonista de la banda sonora a la que estas líneas rinden hoy homenaje: Robert Fitzgerald Diggs, productor, MC y actor esporádico, más conocido como RZA o Bobby Digital y líder indiscutible de los míticos Wu-Tang Clan.

 

El título objeto de análisis es Ghost Dog: The Way of The Samurai (1999), dirigida por Jim Jarmusch, realizador al que se puede circunscribir en ese respetable grupo formado por directores contemporáneos con referencias potentes en sus filmografías y que no suelen contar del respaldo financiero de la gran industria, quedando relegados a un plano más independiente y siendo populares en círculos más minoritarios.

La película está protagonizada por Forest Whitaker, quien a nivel físico reúne todas las cualidades de un nigga o negrata, que es así como se llaman entre ellos los propios raperos dentro del mundillo. Las líricas que acompañan a muchas de las secuencias ahondan en esa intención de ser el más respetado de un barrio, hacer apología de la delincuencia como forma de vida, criticar con dureza las fuertes represiones policiales que recibían estos barrios o dar voz a las injusticias sociales y económicas que ahí tenían lugar.

 

Esa función de denuncia social y de representación de una parte de la población es inteligentemente aprovechada para la estética final del filme, pues el protagonista habita y vive su cotidianidad en un barrio que reúne todos los clichés antes mencionados. Además, el guión se construye en base a múltiples referencias a la cultura samurai y el kung-fu, arte marcial por la que RZA siente especial atracción y que le valdrá para trabajar con Quentin Tarantino en el primero de los volúmenes de la saga Kill Bill, entre otras muchas referencias.

   

En la globalidad de cortes que aparecen durante el metraje se pueden apreciar algunas de las características esenciales del género, si bien es cierto que el propio RZA tiene una parte mucho más experimental. Sobre una programación con loops infinitos de batería, se introducen notas de sintetizador y pads ambientales que aportan musicalidad más allá de la línea de percusiones programadas sobre un 4x4. Interesante también el uso de breaks, esto es, cambios bruscos en la melodía dentro de una misma canción para después volver al tema precedente. Asimismo, es característico el uso de sonidos distorsionados como recurso estilístico tales como respiraciones, golpes o destellos.

La película ahonda en su relación con el rap y dedica una secuencia a una reflexión en tono jocoso y chabacano sobre el género y sus impulsores, citando a figuras como Ice Cube, Public Enemy, Snoop Doggy Dog o Q-Tip. En general, el director elige con mucho acierto a uno de los mayores exponentes del hip hop en todas sus disciplinas y aprovecha las connotaciones que se derivan del género para caracterizar y perfilar mejor a la figura de Ghost Dog, personaje protagonista, y a través de su uso trata de evocar la necesidad de superación personal y necesidad de respeto por parte del entorno, algo especialmente ligado al rap desde su origen. 

CC: IndieGentes 2014 por @_rowelt 

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