27-10-2014

Crónica IndieGentes: Glass Animals, 23-10-2014 @Charada [Madrid]

Los de Oxford pasaron la prueba de fuego con su primer álbum en un efervescente directo de impecable ejecución que satisfago al público de la capital

 

 

La mayoría de las veces, los nuevos productos musicales confieren un exceso de protagonismo a las letras frente a una melodía al uso, o bien se aseguran de abusar de la licencia que el término electro le concede a sus composiciones. Por ello es de agradecer que, de vez en cuando, aparezca en el panorama otro grupo dentro de ese amplio espectro del indie con guitarras que se desmarque de la ecuación. 

A esto en parte se debía la gran expectación despertada el jueves noche en Madrid para ver al cuarteto de Oxford llevar su último trabajo a juicio. Con solo un disco de estudio ZABA (2014), con el peso de una gira por Europa a sus espaldas y compartiendo noche con Jamie Cullum, la puesta de largo de Glass Animals en la capital no se antojaba fácil. A su favor, una sala hasta la bandera que esperó pacientemente la puesta a punto de sus integrantes, algo que la guitarra de Dave Bayley (voz) dilató más de la cuenta.


Quizá por ello, la banda decidió poner toda la carne en el asador desde que sonaron los primeros acordes de ‘Psylla’, aunque sería en ‘Black Mambo’ (primer single del EP) la que abriría la veda de los hits consecutivos que mantuvieron en comunión a banda y público: ‘Gooey’, ‘Toes’, ‘Flip’ o la maravillosa ‘Hazey’ (con Bayley a la percusión) sazonados con algún que otro regalo ambiental como ‘Introxx’, ‘Cocoa Hooves’ o ‘Wyrd’.

 

 

El cuarteto exhibe un espectáculo mucho menos estático de lo que pueda parecer, tanto a nivel práctico como cromático en el directo. Dave es el claro frontman, decidido a llevar el peso visible del grupo y a animar el cotarro con una elocuente mímica al son de sus letras; aquí, las estrofas se entrelazan en un algoritmo entre rap y blues, con una rítmica similar en efectividad a la de los Arctic Monkeys pero que mantiene la elegancia de James Blake en su identidad. El resto queda a cargo de Drew (guitarra y sintes), Ed (bajo y teclado) y Joe (batería) o tres ingredientes principales que juegan a transformar su polifacetismo en un segundo plano visual.

Aunque puede que lo que más llame la atención de su directo sea ese poliedro de sonidos que relucen por encima del LP, añadiendo fuerza al esquema inicial que de vez en cuando se deshace para sumar credibilidad al resultado; un riff de más aquí, un estribillo extra allá... incluso los coros del resto añaden la profundidad necesaria a sus canciones que, de lo contrario, quedarían consumidas en su efervescencia.

Solo un inciso antes de que decidiesen saltarse la pantomima de reaparecer para el bis (“total, aquí no hay backstage”, comentó el cantante tras pegarle un largo trago a la cerveza que le tendió un fan) y ‘Walla Walla’ hizo las veces de primer extra, seguida de la versión de Kanye West (‘Love Lockdown’, también incluida en su álbum) que enloqueció al público y la contagiosa ‘Pools’ como remate final.

 

 

Faltó algo más de interacción con el público, cuya presencia quedó a ratos ensombrecida por el formato de la sala y una acústica que dificultaba precisamente la percepción de los detalles. También la duda de qué hubieran hecho con los mismos elementos en otro escenario más agradecido para el espectador.

En cualquier caso, es en esta lucha inconsciente entre cabeza y corazón donde reside la esencia de Glass Animals, probablemente aun ajenos a la dimensión adquirida en pocos meses. Ellos han dicho que volverán, y ojalá que sea con más trabajos como éste.

 

(CC) CRÓNICA y FOTOS: Silvia Suárez -@silvssuarez-, IndieGentes 2014

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