24-02-2016

Crónica IndieGentes: Nueva Vulcano + Las Ruinas, 18-feb-2016, @APOLO [Barcelona]

Nueva Vulcano, en plena madurez sonora, llena el Apolo de Energía, Pop y Espiritualidad. Los del escamote por el bien común contaron para ello con la abnegada ayuda de sus acólitos careadores de estribillos y  de Las Ruinas. 

 

No hay grandes colas frente a la Sala Apolo, en el Frankfurt de al lado se oye hablar del último EP de Nueva Vulcano, Nombres y apellidos (B-CORE 2016), y alguien, que debe ser técnico de sonido, comenta que los Nueva querían subir el volumen a tope, pero que no se puede más. Cosas de las ordenanzas. Cosas que están acabando con la música en directo en Barcelona.

En una sala casi llena, entre caras conocidas, unos esforzados Las ruinas empujan tema tras tema, esforzándose por calentar el ambiente. Si bien, han comenzado de manera un tanto tímida, a medida que progresa el concierto, poco a poco, van acallando el murmullo de los acodados conversadores de las barras. Ya se sabe lo ardua que es la tarea de los teloneros, pero no por ello menos reconfortante es su trabajo, cuando consiguen su objetivo; y en este caso, parece que lo están consiguiendo. Finalmente la mayoría de los presentes está siguiendo ya su repertorio. Presentan su último disco Siesta mayor (Laa Ruinas 2015)  con canciones que basculan siempre entre lo lírico y lo cínico. Letras que versan sobre una Barcelona cutre y “guay”, con fondo de turistas, Cubatas de fairy y Cerveza beer. Finalizan con una digresión a lo Sonic youth, que no por manida deja de ser efectiva, dejando al personal con ganas de más caña.

 

 

Poco después, los héroes de la noche aparecen en escena, sin prisa pero sin pausa, empiezan desempolvando el tema Solamente un fuego a modo de intro. No por casualidad es el tema que abre el mítico LP Juego entópico (B-Core 2005). Pero no hay concesiones a la nostalgia, y los Nueva Vulcano pasan directamente a Mogollon y Todo por el Bien común (B-Core 2013). Dos alegatos al buen rollismo envueltos más en un luminoso Pop y menos en el habitual Noise vulcánico. Como siempre, buen estribillo y mejores intenciones. Ya se comienzan a corear los estribillos, y a renglón seguido, con el claro objetivo de que la gente continúe destripando las canciones a grito pelado, Artur entona el último “hitet” de la banda: Pop y espiritualidad del último LP Noveleria (B-Core 2015). Que decir al respecto, es una canción redonda, hecha a medida de los seguidores del escamote por el bien común, y que tiene todos los ingredientes para gustar: melodía, estribillo reconocible, ritmo enganchoso, alguna disonancia vulcánica y toda la ironía de que disponen los Barceloneses. Y aprovechando el tirón, continúan desgranando el disco con los temas El Mirlo, Hasta la boya y volver, y 80% agua, antes de acometer el último EP de la banda: Nombres y apellidos (B-Core2016). En ese momento la energía se va disipando y el personal se enfría un poco. En nuestra opinión, los temas de este EP, Mike Woodward y El despertador, no llegan a tener la entidad suficiente para entrar en el repertorio de Nueva Vulcano. Y sospecho, que los mismos Vulcano piensan lo mismo, porque acto seguido, nos lanzan uno de sus más populares canciones, Te debo un Baile, y digo que la lanzan, porque parece como si se la quisieran sacársela de encima rápido. Este es el único tema junto con La ley de costas, que van a tocar de su famoso Los peces de colores (B-Core2009). Ya lo hemos dicho antes, nada de nostalgia, lo cual es meritorio, teniendo en cuenta que este es el disco que les catapultó a la efímera fama Indie. Y con eso, ya nos vamos a la recta final, Hemos hecho cosas y los bises La ley de costas y La Jota (¿de que coño va esta canción?).

Nos vamos con las pilas bien cargadas, pero con ganas de más. Buena señal. Nos llevamos a casa la firme opinión de que Nueva Vulcano esta en su madurez. Saben cuales son sus virtudes, pero no tiene miedo en arriesgar con canciones complejas, como demuestra el grueso de su último disco NOVELERIA. Los de Gracia han definido bien un Noise que bascula entre la melodía, una paleta de sonoridades más ásperas, una potente base rítmica al borde del constante cambio de ritmo y una extraordinaria energía. Y lo mejor de todo es que en concierto aun suena mejor!! Es fantástico ver lo bien que ejecutan cada canción (ejem, menos Te debo un baile). La experiencia es un grado, y en este caso, la técnica juega a favor de las composiciones del grupo. Una pena que la mezcla sonara un tanto pelota sónica, supongo que el técnico debía estar aun en el Frankfurt, o fue quizás un problema de volumen. 

 

 

(CC) CRÓNICA: ANGEL ESTÉVEZ; FOTOS: BERNAT ROS INDIEGENTES 2016

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