10-02-2017

Crónica IndieGentes: The Pretty Reckless, 09-Febrero-2017 @Apolo [Barcelona]

La ex-estrella televisiva, que sacrificó la fama el glamour de su carrera como actriz por el amor al hard-rock, ofreció anoche un concierto en Barcelona donde intenta domar su música

 

 

Que vaya por delante una cosa. The Pretty Reckless son el artefacto perfecto para el lucimiento personal de la estrella de la TV Taylor Momsen. Todo está construido para que ella sea la estrella absoluta: la imagen, el estilismo, los focos, las canciones, su insultante juventud que apoya en una pose de emo-malota estudiada al milímetro e incluso el impostado segundo plano de una banda que suena potente y engrasada. Pero el detalle que los diferencia del resto de bandas mainstream que vuelven locos a los más jóvenes (los Pretty Reckless también lo consiguen, prueba de ellos eran los apretones, las caras de excitación e impaciencia, los ruegos pidiendo agua y chillidos ante cualquier movimiento en el escenario que se vivían en unas primeras filas donde la media difícilmente alcanzaba la veintena) y es que practican hard rock del bueno. Bueno, duro y pesado. Con pocas concesiones de cara a la galería a nivel musical y un sonido fantástico. Pero lo que de verdad es encomiable, artísticamente hablando, es que la Momsem ha sacrificado carrera actoral, dejándola aparcada de manera indefinida, para dedicarse en cuerpo y alma a lo que ella no se cansa de repetir, cuando tiene la más mínima oportunidad, que es su pasión: el rock and roll. No será Patti Smith ni Polly Jean Harvey pero la chica ama el rock.

 

 

En las primeras filas bullía un hervidero de público adolescente, predominantemente femenino, con un look a medio camino entre el imaginario emo y el look heavy ochentero, aunque también encontrabas veinteñer@s yuppies en tacones ellas y con camisa ellos. Coge un concierto de los últimos Muse, bájale un par de años la media, et voilá. Mientras tanto, en la parte trasera de Apolo uno se topaba con una concentración de padres y, sobre todo, madres, que, entre curiosos y aburridos, esperaban, muchos de ellos sentados, mientras sus vástagos, menores de 18 años, se apretaban contra la multitud. Y así, pasados unos minutos de las 21h, y tras escuchar una banda sonora de espera compuesta de Queens of the Stone Age, Alice in Chains, Soundgarden o un ‘Toxicity’ de System of a Down, recibido con un júbilo que te hacía pensar que ya había empezado el concierto, salió la banda a escena, en perfecta alineación, primero ellos y segundos después Momsen, enfundada en una ¾ de cuero, mientras la melena rubia le cubría completamente la cara, para interpretar del tirón 2 de sus singles más conocidos, ‘Follow me down’ y ‘Oh My God’ (entre medias ‘Since you’re gone’) que hicieron las delicias de un público ansioso y ganado para la causa mucho antes del comienzo.

El contrapunto a los momentos más hits vino de la mano de canciones que, para su gran público, resultan menores, a tenor del recibimiento, pero que, para el que abajo firma, significan la parte más recomendable del concierto, cuando la imagen y la fachada dejan paso a lo que importa, la música. Por ejemplo, una extraodinaria ‘Hangman’ llena de efectos de voces y ecos, al más puro estilo Alice in Chains en su etapa DIRT (1992, Columbia), que, aunque estuvo algo empañada por una parte coral intermedia, donde a Taylor se le fue bastante la afinación, resultó ser un gran tema de hard rock alternativo, apoyado en la afilada guitarrista de Ben Phillips, mano derecha en la banda de Taylor, además de la tremenda base rítmica con la batería de Jamie Perkins reinando. Igual de destacadas son la zeppeliana, ‘Prisoner’ o la deliciosamente progresiva ‘Sweet Things’. Muy aconsejable también el tema homónimo de su primer álbum LIGHT ME UP (2010, Interscope)  que parece que comienza intrascendente, pero en un crescendo irresistible termina en un punto muy álgido.

A pesar de la inevitable pose de estrella del rock de la Momsen, que puede parecer tan poco creíble con tan solo 23 años, es de agradecer la interacción con su jovencísima parroquia, presentando y hablando entre casi todos los temas, la mayoría de ellos recibidos con histeria y estruendo por un público que si recibe tibiamente temazos oscuros como el antes mencionado ‘Hangmen’, se derrite y se queda afónico en las canciones más comerciales. Un claro ejemplo es, quizás, su hit single más conocido, ‘Make me wanna die’, contenido en su debut y donde los Reckless beben de las partes melódicas de unos SOAD y los pasan por el tamiz más comercial que se puede lograr por una banda de rock pesado. El coreable ‘My Medicine’, sin llegar a las cotas de karaoke del anterior, es otra muestra de lo mismo. Y qué decir de ese medio tiempo que busca el crescendo del estribillo, como buen himno de estadio que es ‘Just Tonight’. Y es que a esto es a lo que habían venido el 90% de los asistentes a una Apolo que colgó el cartel de no hay billetes.

 

 

 

Pero además de las composiciones de más empaque y de los singles, tambien hay algún que otro tema inofensivo y que desentona un poco en el melting-pot rockero que los americanos practican con especial ahínco, como una deslabazada ‘Living in the storm’ que intenta mezclar todo el imaginario rockero en un batiburrillo sin mucho sentido de 5 minutos, donde lo único sustancial es el, quizás, mejor solo de guitarra de la noche salido de los dedos de Phillips. O la insulsa balada ‘Who you selling for’. En ambas se puso además de manifiesto, el principal handicap de la vocalista de St. Louis que es la falta de control vocal. Con un chorro de voz que intenta viajar entre los graves y los agudos a golpe de potencia, llegan las limitaciones y no siempre consigue ejecutar estos juegos de manera solvente.

Para el final, por supuesto, un pack algunos de sus temas más coreados, como ese ‘Heaven Knows’, que tras un brillante desarrollo instrumental desemboca en un verdadero temón bailable y bluesy. Mismo patrón para ‘Going to Hell’, que no le importaría firmar a día de hoy a unos Metallica. Y para la apoteosis y locura general del, en su mayoría, puber respetable, un hit como ‘Take me down’, que desmerece algo el resto de su música, por ser tan solo correcto y previsible. Se cierra algo menos de hora y media de show con el único bis a cargo de una ‘Fucked up World’ más incendiaria en el nombre que en la propuesta, que puso la guinda a una noche de cuero cuasi alevín.

 

 

 

 

Pero además de las composiciones de más empaque y de los singles, tambien hay algún que otro tema inofensivo y que desentona un poco en el melting-pot rockero que los americanos practican con especial ahínco, como una deslabazada ‘Living in the storm’ que intenta mezclar todo el imaginario rockero en un batiburrillo sin mucho sentido de 5 minutos, donde lo único sustancial es el, quizás, mejor solo de guitarra de la noche salido de los dedos de Phillips. O la insulsa balada ‘Who you selling for’. En ambas se puso además de manifiesto, el principal handicap de la vocalista de St. Louis que es la falta de control vocal. Con un chorro de voz que intenta viajar entre los graves y los agudos a golpe de potencia, llegan las limitaciones y no siempre consigue ejecutar estos juegos de manera solvente. 

 

 

(CC) CRÓNICA y FOTOS: XANDRE RL (  @XandreRL ;   XandreRL). IndieGentes 2016

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