11-07-2017

Crónica IndieGentes: @MadCoolFestival 2017 - Viernes 7 de Julio [Madrid]

El segundo día del Mad Cool festival quedará, sin duda, marcado por el terrible y fatal accidente del artista Pedro Aunión. No podemos empezar de otra manera este artículo que con un prólogo para la reflexión y, sobre todo, para el recuerdo

  

Muchas dudas hemos tenido a la hora de publicar la crónica de esta segunda jornada del Mad Cool Festival. Como ya todos conocéis, poco antes del inicio del concierto de Green Day, el artista y coreógrafo Pedro Aunión sufrió, mientras actuaba con una performance de baile a más de 30 metros de altura, un terrible accidente, por el cual se precipitó al vacío y perdió la vida al instante. Una gran parte del público no se percató del trágico incidente o incluso creyó que formaba parte de la performance. Durante el transcurso del concierto de Green Day el boca a oreja corrió por todo el recinto y poco a poco se iba construyendo la noticia. Rumores que nos llegaron del accidente, y de que el artista estaba con vida trasladado a un centro hospitalario, se juntaban con aquellos que presagiaban el triste desenlace, que se constató después de acabado el concierto de los americanos, mediante los teletipo de las agencias informativas.

 A partir de ese momento ya poco importó el espectáculo, mientras que anteriormente las noticias fueron muy confusas. A esta confusión comprensible, dadas las contradictorias noticias y de que solo una parte minoritaria del respetable fuera consciente de lo ocurrido, se unió un hermetismo informativo por parte de la organización que no se rompió hasta bien entrada la madrugada, cuando muchos de nosotros, tras confirmarse el fatal desenlace, abandonamos el recinto.

 Hasta aquí los hechos objetivos para la gran parte de los presentes. En la subjetividad, en la opinión, quedará para siempre el debate en las redes sociales, las feroces acusaciones e incluso el linchamiento digital ,en ese ámbito, en ocasiones demasiado impune, dirigidos a la organización y, de alguna manera, a parte de los asistentes. La idoneidad de haber suspendido la jornada es algo que siempre quedará en ese limbo de los  “y si…” . Más allá del siempre discutido show must go on que, en un hecho tan directo y presente, no tiene mucho sentido, desde Indiegentes creemos que, mientras la familia de Pedro estuviera puntualmente informada y de acuerdo (que así parece que ha sido), y las autoridades y Cuerpos de Seguridad del Estado y Protección Civil aconsejaran la no cancelación (que también parece que fue así), para evitar crear una situación de emergencia incontrolable (en la memoria de todos, por muchísimo menos, el Festimad del 2005), la decisión fue la menos mala de las posibles. Dicho esto, lo único que se puede entrar a discutir es la torpeza en el flujo informativo por parte del Festival. Pero para valorar eso habría que estar en el puesto de aquellos que estaban en esa complicadísima tesitura que no deseamos a nadie. Y por eso esperamos y pedimos conocer quien tomó el mando de las decisiones y los porqués de cada uno de los pasos que se tomaron. Por la credibilidad de un Festival al que deseamos continuidad y para acallar los juicios paralelos de la turba invisible que, a buen seguro, hubiera multiplicado su ira por tres en el caso del más mínimo incidente que se hubiera podido desencadenar, derivado de la supuesta cancelación, por parte del inevitable 1% de incontrolables vándalos y/o borrachos, que entre los, ojo, 45.000 asistentes, siempre van a existir.

 El único motivo por el que finalmente decidimos, y tiene sentido, publicar estas palabras, viene dado por la costumbre de parte de esta redacción de tener escritas las palabras en el mismo recinto, en el mismo instante en que se producen. De haberlas tenido que escribir a posteriori, con la certificación de lo ocurrido, hubiera sido del todo imposible, como fue imposible seguir escribiendo tras ser conscientes de la terrible noticia, como podéis observar al final de la crónica que sigue.

 Por último, nuestro pésame y apoyo a la familia, nuestra firmeza a la hora de exigir la verdad completa de lo ocurrido, con luz y taquígrafos y, por encima de todo, el recuerdo a un artista, 

Pedro Aunión, que se dejó la vida haciendo lo que más amaba.

Descanse en paz."

 

 

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Tras otro principio de jornada pasada por (mucha) agua, granizo y frío, como nos ocurrió el primer día, nos perdimos conciertos que estaban en nuestra agenda como el de los murcianos VIVA SUECIA o las chicas de DEAP VALLY. Por fortuna los primeros tendremos más ocasiones de verlos este verano. En cuanto al duo femenino más rockero de la actualidad, mucho más difícil de disfrutarlas por estos lares, nos queda el consuelo de haberlas gozado en primerísima fila en un ya lejano FIB.

Nuestra llegada este segundo día coincidió con el comienzo del concierto de los históricos punk old school RANCID. Históricos porque llevan más de dos décadas y su “imagen corporativa” está megaexplotada, porque lo que es musicalmente, a los 3 o 4 temas, aquello parecía un autoplagio continuo y no de algo particularmente brillante. Y pensar que los ponían a la altura de ese grupazo que siempre ha sido Bad Religion. Mientras, a la chita callando, SPOON, daba toda una lección de rock oscuro de los 90 a plena luz del día. Menos más que nos acercamos allí con rapidez, porque aquello sonó fantástico, a la altura de unos actuales Interpol, e, igual que a nosotros, se comieron a mucho del público de unos Rancid que sonaban, en el escenario principal, demasiado estridentes y anclados en una propuesta repetitiva y algo desfasada. La elegancia de los de Britt Daniels nos regaló un gran concierto de rock alternativo a golpe de temazos de la envergadura de “Do I Have To Talk You Into It”, “Do you”, ese nuevo clásico que ya es "Hot Thoughts", “Inside Out” o el cierre con los guitarrazos de “Rent I Pay”. Y es que solo por escuchar la siempre sobrecogedora “I Ain't the One” merece la pena dejarlo todo y acercarse a un concierto de los tejanos. Muy atentos estaremos a su gira otoñal por España.

Justo al lado, torciendo la mirada hacia la derecha, nos preparamos para vivir uno de los momentos más esperados del fin de semana. Y el Sr. RYAN ADAMS no defraudó en absoluto, con un concierto casi perfecto para el entorno en el que se encontraba (un injustificado escenario secundario con apenas una hora de set. Difícil de entender). El de Jacksonville salió a matar, trallazo tras trallazo, clásico a clásico (su concierto se basó en sus dos primeros discos y en el último), sin ninguna concesión, desde esas iniciales “Do You Still Love Me?” y “To Be Young” que nos enchufó desde el primer acorde. Entendiendo perfectamente donde se encontraba, algo que no siempre habitual en la personalidad del cantautor americano, y arropado por una banda deliciosamente engrasada, donde destacaba la guitarra del genio con pinta de nerd de  y la batería de Adam Ficca, otro ‘nerd style’, con su camiseta de los Foo Fighters, nos regalaron alguna joya como esa versión progresiva del "Cold Roses". El concierto del americano tuvo el ritmo perfecto y no cayó en ningún momento, con pocos momentos de tranquilidad y bien introducidos, incluso los temas nuevos, potentes e inspirados, como "Anything I say you know", encajaron perfectamente, al lado de clasicazos como "New York, New York", “Come pick me up” o esa deliciosa “My winding wheel” del final. Uno de los highlights de los tres días.

 

Foto: Xandre RL

 

A veces ocurren estas cosas, y los dolorosos “solapamientos” en los horarios de los festivales, pueden llegar a ser tan dolorosos como en este caso. Costó mucho decidirse entre Ryan Adams y ALT-J Al final pesaron los casi 15 años que el americano no venía por estos lares y lo poco que se prodiga. Aun así llegamos al final del bolo de los británicos y aquello era un apoteosis sónica y visual con la gente dándolo todo. Estaremos muy atentos a su visita a España a principios de 2018, promete ser algo para no perdérselo.

Es difícil describir cuando una banda de esa envergadura y de ese mito y, por supuesto, de esa calidad mundial, sale a darlo todo de la manera en la que lo hicieron Billy Joe y sus GREEN DAY. Con noches así nadie puede preguntarse porque llevan más de dos décadas jugando en las Grandes Ligas. Manejan el sentido del espectáculo y el rock épico de grandes arenas como pocos son capaces de hacerlo. Podríamos pensar que todas esas son cualidades que se pueden alcanzar con experiencia y, claro, buenas dosis de talento. Y de eso, vale, hay en bastantes bandas. Pero Green Day tiene dos elementos diferenciadores que pocos grupos poseen: un frontman con un carisma colosal, enorme, con un poder de manejo de las masas superlativo y, sobre todo, una colección de canciones a la que ninguna de las bandas de su generación y escena está en disposición de acercarse. The Offspring son los únicos que les ha podido hacer sombra, aunque han envejecido bastante peor. Y quizas, Bad Religion, pero estos decidieron no venderse a los presidentes muertos. Legítimo, seguro, pero los ha alejado de la leyenda. Esa en la que Green Day están situados desde hace mucho tiempo.

¿El show? Todo un greatest hits en directo, con el añadido de ser final de gira europea, salpicado de multitud de trucos escénicos: máscaras de Trump, pirotecnia, interacción banda-público, karaoke generalizado, pogo por doquier, Billy Joe Armstrong arrastrándose por el suelo mientras gemía “Hey Jude”, fans en el escenario cantando, tocando la guitarra, la pandereta, tirándose al público.... ¿Quién se puede resistir a no parar de saltar al ritmo de “Basket Case”,”Welcome to the Paradise”, “Revolution Road”, “Hitchin’ a ride”, “When I came around”, “Longview” o “American Idiot” a lomos de un Billy desbocado?. Pocos. Y si lo haces tienes horchata en las venas. Eso sí, comparado con el apoteósico final del día anterior de los Foo con “Best of you”, el de los de Berkeley, con “21 guns” en acústico seguida del cierre con “Good Riddance” supo a poco. En el resto del show, los de Armstrong y los de Ghrol firmarían las tablas o incluso, podríamos decir, que, a los puntos, fueron mínimamente superiores Green Day.

 

Foto: Xandre RL

 

Una de las pocas cosas no buenas del concierto de Green Day fue perdernos a una banda a la que le teníamos muchas ganas, CAGE THE ELEFANT, quizás de conocer de antemano el final acústico de aquellos nos hubiéramos acercado al final del show de los Shultz. Pero no pudo ser. Intentamos descansar algo para terminar la velada con RÖYKSOOP, pero las noticias que se empezaban a fraguar en triste realidad acabaron por herir mortalmente la noche y teñirla de luto. Y decidimos que el show, ahora sí, tenía que terminar. 

 

(CC) CRÓNICA: XANDRE RL (  @XandreRL ;   XandreRL).

FOTOS: XANDRE RL (  @XandreRL ;   XandreRL) y MAD COOL FESTIVAL

IndieGentes 2017

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